Reseña: "Eso no estaba en mi libro de historia del antiguo Egipto" (José Miguel Parra) por Gara Lacaba
- Tenebris

- 2 abr
- 2 Min. de lectura

José Miguel Parra escribe un libro accesible y ameno, pero ahí no está su única virtud. Más allá de la divulgación, hay un intento claro de ir un poco más lejos de la imagen habitual del antiguo Egipto y de cuestionar ciertas ideas que se han repetido tanto que casi parecen verdades intocables.
El libro está organizado en bloques amplios que recorren desde la arqueología hasta las dinámicas de poder, pasando por momentos clave como el período amárnico o la vida cotidiana en el valle del Nilo. Esta estructura funciona bien porque no obliga a seguir un orden rígido. Se puede leer de forma fragmentaria, saltando de un tema a otro según el interés, y aun así el conjunto mantiene coherencia. No es un libro que te encierre en un recorrido único, sino que te deja moverte con libertad.
Ese formato, además, encaja con el tipo de contenido que propone. Parra trabaja con temas muy variados, algunos más conocidos y otros menos transitados, pero lo interesante es cómo los aborda. No se limita a contar “cosas curiosas”, sino que utiliza esos elementos para desmontar una imagen demasiado simplificada de Egipto. Ahí entran cuestiones como la realidad de una excavación arqueológica (mucho más técnica y menos épica de lo que solemos imaginar), las intrigas dentro del poder, los equilibrios políticos o la complejidad de figuras históricas que a menudo se presentan de forma casi mítica. Incluso cuando aborda aspectos más llamativos, la sexualidad, las conspiraciones del harén, los supuestos secretos de las pirámides y lo hace sin caer en el sensacionalismo.
Uno de los puntos más interesantes del libro es ese intento constante de bajar a tierra todo lo que durante años se ha envuelto en misterio. Las pirámides, por ejemplo, dejan de ser ese objeto casi sobrenatural para entenderse dentro de un contexto técnico, social y político concreto y lejos de restarles interés, ese enfoque las hace más comprensibles y, en cierto modo, más fascinantes.
También hay un cambio de perspectiva en cómo se presenta la vida cotidiana. Egipto deja de ser ese escenario monumental y distante para convertirse en una sociedad con prácticas, tensiones y dinámicas reconocibles. No se trata de acercarlo de forma artificial, sino de mostrar que más allá de los grandes relatos, había una realidad mucho más compleja y menos idealizada.
El libro no busca deslumbrar, y eso es parte de su acierto. No hay una voluntad de espectáculo, sino de ajuste. De ir corrigiendo, poco a poco, esa mirada heredada que tiende a minimizarlo todo. Y lo hace sin imponer un tono académico pesado, sino con una prosa clara, directa, que facilita la lectura sin vaciar el contenido. En este sentido, funciona bien tanto para quien se acerca por primera vez al antiguo Egipto como para quien ya tiene cierto conocimiento y necesita revisar algunas ideas. No pretende ser definitivo, pero sí útil a la hora de replantear lo que creíamos saber.
Al final, lo que deja no es tanto una lista de datos como una sensación bastante concreta: que gran parte de la imagen que tenemos del antiguo Egipto está construida desde fuera, repetida durante años hasta volverse incuestionable. Y que quizás, entender Egipto pasa primero por desmontar esa imagen.
Gara Lacaba Toledo





Comentarios