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Reseña de "Vigilantes" por Adrián Gómez

De casta le viene al galgo. Estamos frente a un caso muy parecido al de Joe Hill, hijísimo de Stephen King.  Le ha pasado por delante?  Cierto que el maestro del terror sigue igual de prolífico, pero su creatividad parece mermada. Y ahí es donde su vástago se ha encumbrado (El traje del muerto, Cuernos, Black Phone, Lock and Key). Pues algo así sucede con M. Night Shyamalan. Es cierto que sorprende de tanto en tanto ( Múltiple, Tiempo, Llaman a la puerta), pero sus mejores días parecen haber pasado. Veremos que nos depara La Trampa. Hablamos de gente que innovó ( y sorprendió) en el campo del fantástico, tanto en papel cómo en celuloide. Crearon escuela y son autores determinantes en el devenir del género. Pero parece que su prole tiene ahora la voz cantante. Hablamos de Ishana Night Shyamalan, que parece heredar el talento de su progenitor en Los Vigilantes. Tras foguearse con varios cortos, adapta la novela de A. M. Shine, fresco gótico ambientada en Irlanda, que Ishana transforma en pesadilla forestal, anclada en la tradición de horror gótico, que nos recuerda incluso, a obras maestras literarias cómo La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson, amén de los mimbres del cine de su padre. Competentemente narrada pues, la película plantea una idea interesante, no por recurrente, menos fresca, la presencia de ciertas entidades pertenecientes a las leyendas, a los cuentos, cómo criaturas malditas, estudiosas y envidiosas de la humanidad, en un ambiente tan opresivo, como claustrofóbico. Cobayas y víctimas, durante el primer tercio, nos cruzamos con El Wendigo,  pero también con Cloverfield 110 ( aunque su giro final no sea tan espectacular). Dakota Fanning ( La Guerra de los mundos, Brimstone ) lleva ( y es) el pájaro enjaulado, en un viaje a la oscuridad, a lo desconocido, con acompañantes rendidos, rebeldes y obedientes. Las reglas están para romperlas, ya se sabe, y nuestra protagonista, cual Alicia Carrolliana, cae en la madriguera y pagará las consecuencias. No habrá Picnic en Hanging Rock, sino el origen de la hibridación. Cómo si de la iniciativa Dharma se tratase, John Lynch ( En el nombre del padre, Black Death) desvelará las claves del infierno feérico, y tras una primera parte angustiante, con ritmo , donde el miedo penetra tras un cristal, con cámaras engañosas, y realities metacinematográficos, las identidades se confunden, y las cuidadoras no son tal, volvemos al entorno urbano, con revelaciones terroríficas, traumas sin resolver, y clímax conciliador, que quizá empañan un desarrollo sensacional, atmosférico y sobrecogedor. Aún así estamos ante una cinta que cumple su objetivo. Puro Folk Horror, excelentemente filmada, con un suspense bien facturado. Altamente recomendable.


Adrián Gómez Alonso




 
 
 

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