Volcano Fest a dos manos (Parte 2) por Ricardo Martín
- Tenebris
- 12 may 2024
- 5 Min. de lectura
Son casi las 22:00 y llega el turno de El Altar del Holocausto. Vuelven al Vulcano Fest (estuvieron en la edición del 2021) y ya con esta es la tercera vez que se presentan en las salas del Aguere. No es, ni mucho menos, la única banda patria de post-rock que ha irrumpido por estos lares. Ya que bandas como Toundra, Syberia o Jardín de la Croix han tenido su momento (algunas también en más de una ocasión) de mostrar el alto nivel de este estilo de música instrumental del que goza nuestro país y que parece haber calado hondo en los gustos del público asiduo al Espacio Cultural Aguere.
Lo de El Altar del Holocausto va un poco más allá. Pues llama especialmente la atención su puesta en escena al presentarse sobre el escenario de manera anónima, ocultos tras sus impactantes túnicas y máscaras blancas. Su indumentaria, a pesar de poder parecer una provocación, cobra sentido en su música. Y es que sus componentes reconocen que encuentran su inspiración en Dios y en pasajes bíblicos, como así reflejan los títulos de sus canciones o el propio nombre de la banda.
Desde el inicio saltan a la vista los puntos fuertes de este cuarteto salmantino: presencia y estética inquietante, solemnidad durante su ejecución musical (sin descuidar su conexión con el público) y un sonido limpio que permite apreciar los desarrollos y armonías de cada instrumento. Además, suenan perfectamente cohesionados. La suma de todos estos elementos producen un cierto hipnotismo que no permite que se pierdan detalles de su actuación. Es realmente fantástica la manera en la que pueden generar un aura de misterio y de reflexión durante sus conciertos. Canciones como Lucas I, 26-36, que a partir de sus distintas transiciones parecen reflejar en el oyente los distintos estados de ánimo del alma humana. Por momentos recuerdan a los grandiosos God is An Astronaut, una de las bandas punteras del estilo a nivel internacional de la que ellos han tenido el honor de ser teloneros. Por otro lado, el juego de luces sobre el escenario, con esa iluminación que oscila entre los tonos cálidos y fríos, junto a las atmósferas sonoras que crean, parecen abrir las puertas del cielo a la vez que del infierno, haciéndonos sentir a los presentes testigos de visiones del Apocalipsis. El punto álgido de su performance llega con uno de sus clásicos: El que es bueno, es libre aún cuando sea esclavo; el que es malo es esclavo, aunque sea rey (título largo, pero bastante sugerente). Un auténtico trallazo que pone en la palestra la potencia de sus guitarras, la capacidad de conmover al oyente y su esencia sonora repleta de belleza, misticismo y oscuridad (conceptos muy ligados al Doom). Durante su interpretación, uno de los miembros de la banda bajó del escenario para mezclarse con el público y alentarlo a crear un pogo del que buena parte de los asistentes no tuvieron reparo en participar. Un último tema para deleitar a la audiencia y aquí se despidió la banda hasta la próxima ocasión. Fabulosa muestra del poder de la música instrumental con la que pudimos disfrutar los allí presentes.
Tras ellos, llegó el momento del dúo de féminas BALA. Sobre las 23:00 toman el escenario Anxela (guitarra) y Violeta (batería) para hacer vibrar a la sala con su potente stoner/grunge que emerge exclusivamente de la fuerza de los riff de guitarra, la pegada acelerada de la batería y de las desgarradas voces de ambas intérpretes. Nada más pisar el escenario ya tratan de conectar con el público, agradeciendo su apoyo y recordando que es la tercera vez que actúan en la isla, siendo la primera en el Phe Festival del Puerto de La Cruz el verano pasado. Ellas encantadas y los asistentes, visiblemente, también.
Aprovechando el repertorio de su reciente nuevo álbum, "Besta", las gallegas se lanzan con algunos de sus temas más cañeros, informando a los presentes de que prácticamente los están estrenando en directo; algo que siempre supone una satisfacción personal, tanto para el público como para la banda. Una de esas canciones que comienzan interpretando es Equivocarme, con un ritmo acelerado y una letra que desprende furia y desahogo a partes iguales. Desde el comienzo se denota la buena sintonía entre ambas, coordinando los potentes acordes con los contundentes golpes de las baquetas y ritmos frenéticos de la batería. Todo ello a la vez que se pasan el testigo de la voz cantante entre una y otra. Es Anxela la que toma más la partida en el micro con esa voz más aguda y enrabietada. Otro de los temas de estreno, Verde, funciona como una crítica mordaz hacia el consumismo y sus efectos negativos en la sociedad y sobre el medioambiente. Como si escupieran la codicia que éste genera y la indignación ante fenómenos preocupantes como la crisis climática. Inmutable o Prisas, tema que Anxela comienza dedicando a su hija y que habla sobre su experiencia personal al sufrir episodios de ansiedad, son otras de las novedades que presentan en su show. Rebeldía, activismo y empoderamiento femenino a raudales con estas piezas.
Habrá tiempo durante su actuación para sorprender al público con una versión de una de las grandes influencias de la banda como es Nirvana. Territorial Pissings es la elegida para homenajear a los iconos de la escena grunge de Seattle, siendo muy bien acogida por la audiencia lagunera. Otro momento de fervor va a llegar con la bajada de Anxela al suelo, clavando el pie o soporte de micro entre el público para interpretar un fragmento de uno de sus últimos temas. Esta acción provocó gran expectación entre el público que casi llenaba la sala e interacción con sus mayores seguidores y seguidoras. Tras volver a agradecer el apoyo de toda la gente y de animar a continuar apostando por los conciertos en salas, más allá de la burbuja de grandes festivales, la banda volvió para tocar un bis y rescatar uno de sus ya reconocibles temas: Agitar, de su anterior trabajo "Maleza". Una canción con un título que parece alentar a sus espectadores a remover el ambiente en la sala a base de saltos, choques y rebotes en círculo en medio de los asistentes. No fueron pocos los que agitaron el local en ese momento.
Muy buenas sensaciones con esta banda que se ha ganado a pulso el reconocimiento y su presencia en salas y festivales de todo el país. La nota discordante, el sonido. Poco ajustado y demasiado alto. Afectó especialmente a las voces; pues no se escuchaban como nos hubiera gustado a los allí presentes.
Ojalá podamos seguir disfrutando, por mucho tiempo, de este tipo de bandas alternativas en la escena regional y local canaria a través de proyectos o festivales como este, que parece ya por fortuna asentado, gracias al esfuerzo e iniciativa de Planet Caravan y a la acogida de espacios como Aguere Cultural.
Ricardo Martín.



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