Reseña de: "EL FINAL DE OAK STREET" por Adrián Gómez

Hace años que nos invade la nostalgia, especialmente de los 80. Desde que J.J Abrahams nos regaló Super 8 (2008), el espíritu de la Amblin ha recorrido las pantallas, incluso la pequeña ( Stranger Things, sin ir más lejos). No sólo han vuelto mitos de la época ( Mad Max, Indiana Jones, Star Wars, Cazafantasmas), sino que hasta el propio Spielberg con su mediocre Ready Player One ( 2018), se ha convertido en una " banda tributo" de si mismo. El propio Abrahams ha jugado con ese" sense of wonder" de la época con su divisoria serie Perdidos (2004-2010), sus dos Star Trek ( 2009-2013) o su saga Cloverfield. Con su productora Bad Robot, nos ofrece, digamoslo ya, la pelicula más disfrutona del verano. La más desprejuiciada, divertida, gamberra y freak. Se sirve del amor por el género del director David Robert Mitchell, autor de It Follows ( 2014) y la muy estimulante y Lynchiana Lo que esconde Silver Lake (2018). Aquí está al servicio del mainstream, pero nada es lo que parece. Mucho más valiente que la infecta saga Jurassic World ( y me atrevería decir que es lo mejor de las criaturas prehistóricas desde la adaptación del original de Michael Cricthon por tito Steven), representa, ésta si, una digna adaptación apócrifa de Un Sonido de Trueno, el relato de Ray Bradbury, en las antípodas del esperpento fraguado por Peter Hyams. Familia con problemas conyugales y económicos, viviendo en zona residencial ( Poltergeist, Gremlins), donde toma cuerpo los postulados de Carl Sagan de pórticos temporales, que ríanse ustedes de Rod Serling de ácido con Stephen King. El sentido de la aventura en un marco de ciencia ficción, con un Ewan Mcgregor "loser" creible, pero es Anne Hathaway quién se erige en heroína y salvadora del relato. No hay atisbos woke en la elección, sino una decisión de guión convincente y lógica, según el entramado de personajes. Se permite ciertas licencias de humor soez ( el polvo dinosaurico) y no escatima en gore ( al menos en lo que se refiere a un film de gran estudio). Pterodáctilos, Triceratops,Tiranosaurios y lo que le echen a la familia Platt, capaz de invertir las tornas minutos antes de que vuelva a ocurrir, y sin ayuda de De Loreans (prosiguen los homenajes), y forrarse a posteriori, con las consecuencias del fenómeno cósmico. Ambientada en la década del Walkman (1982), la propuesta salvaje, con mucha más personalidad autoral de lo que parece a simple vista ( y que supera a los últimos diez años de Abrahams... y de Spielberg y de Scott, al menos en el género que nos ocupa) se trata de lo más digno de la temporada estival, junto con la adaptación Homérica de Christopher Nolan, pues descoloca y entretiene a partes iguales, en un periodo de refritos, desidia artesanal y enésimas secuelas vacías de talante y talento.
Ésto es otra cosa y se agradece.
Adrián Gómez Alonso






Comentarios