Reseña de: "La constelación del perro" por Adrián Gómez

Doble sesión de cine fantástico en un verano donde la mediocridad en el género impera. Tras la relativa decepción de la útima entrega Spielbergiana, Ridley Scott es otro de los veteranos que ayudaron a revolucionar el ǵenero ( leáse Alien o Blade Runner), y que vuelve a él intentando reverdecer laureles, tras los sucesivos batacazos ( Napoleón, Gladiator 2...ésta infinitamente mas Pulp y gamberra que la primera)de los últimos años. Basada en una novela de Peter Heller ( que Scott confiesa no haber leido), estamos ante un futuro apocalíptico realista,muy parecido a lo que vivimos hace siete años. Una gripe letal ha causado estragos, y ya no quedan vacunas. Nuestro protagonista, un convincente Jacob Elordi ahora omnipresente en las pantallas ( Priscilla, Frankenstein, Cumbres Borrascosas) se pasea en busca de provisiones, ayudando a una pequeña comunidad ( regentada por Benedict Wong), armado con una M16 y acompañado por su perro Jasper ( un guiño al relato más popular de Harlan Ellison, y al atentado de adaptación de Soy Leyenda de Richard Mathesosn, servido para que se luzca El Príncipe de Bel Air). El inicio es reposado e intrigante, con un cameo, ballesta en mano, de Ewan Brwemer ( Trainspotting). Hick, que asi se llama Nuestra Estrella del Perro, pilota una avioneta, y convive con el cascarrabias Bangley (un Josh Brolin que representa lo mejor del cast, con el papel más goloso), una especie de híbrido entre John Rambo, Frank Castle y Max Rockatansky, al que le va la marcha, y le gusta el gatillo. No hay cucaracha que se le resista. Aquí arranca la trama, con la emisión de llamadas de socorro de Grand Junction, por una Allison Janney ( The Creator, El Especialista), que impone en el tramo final (y mucho). Entre medias, otra vez Raices Profundas, con la aparición de Margaret Qualley ( Erase una vez en Hollywood, La Sustancia) y un severo y soberbio Guy Pearce (que ya tiene experiencia en supervivencia distópica con La Carretera), que es lo segundo mejor despues de Brolin. Incursiones de Los Segadores ( los enésimos bárbaros con estética Mad Max), conexiones con la saga 28 dias después ( especialmente toda la parte del aeropuerto) y un toque rural, acompañado por las tonadas country de Harry Gregson Williams, animan un film que rescuerda a The Postman (1997), en ocasiones, a la serie de The Walking Dead en otras,y la olvidada (y disfrutona) El Guerrero del Amanecer (1988), al fin y al cabo, un remake futurista de la citada Shame (1959). Y poco más. Ritmo sosegado, animado por un par de escenas de acción bien filmadas (el ataque nocturno, la escapada en el biplano tras la invasión a la granja, o la fuga flamígera de Grand Junction). Sólo queda dejarse llevar durante dos horas, entre tabaco de liar, vuelos sin motor, Sprites, Coca-colas,hachas afi, ladastraumas, romances y una pátina sentimental como hilo conductor, sospechosamente urdida por su autor para captar ese target juvenil que se le escapa. Se deja ver, pero no permanece. Mucho más divertida es Oak Street, a comentar como segundo plato del menú de ésta semana.
Adrián Gómez Alonso






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