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Reseña de "Frankenstein" por Adrián Gómez Alonso.



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Guillermo del Toro vuelve al fantástico por la puerta grande, adaptando uno de sus libros favoritos, pionero además en la ciencia ficción, que recordemos, de paso, se trata de un género literario, ante todo. 

Esta producción para Netflix no escatima en medios, y se presenta con una dirección artística, vestuario y fotografía apabullantes (en el buen sentido). En ciertos aspectos, nos retrotrae a la también brillante La Cumbre Escarlata ( 2015). el particular homenaje de nuestro hombre a la Hammer, en un film colorido e impregnado de rojo sangre, siendo sustituido en la prefabricada y sobrevalorada La Forma del agua (2017) por ese verde pez, que borra de un plumazo en la oscura, decadente y magistral El callejón de las almas perdidas (2021). A falta de ver su acercamiento al Pinoccio ( 2023) de Carlo Collodi, y de disfrutar de su antología de terror El Gabinete de Curiosidades (2022), ésta se antoja como el retorno al gótico en su acepción más pura. El prólogo en la Antártida, presagia una adaptación fiel del texto de base, pese a la escena de confrontación con los tripulantes del barco, casi de"actioner" del MCU. se nos presenta a Víctor Frankenstein (adecuado Oscar Isaac) y al monstruo (espectacular Jacob Elordi), y comienza el relato del doctor. Del Toro se toma su tiempo, y conocemos al padre, encarnado de forma impecable (como siempre), por Charles Dance, y al auspiciador, un Christoph Waltz habitual en este tipo de proyectos, en una trama excesivamente dilatada, con ciertas licencias, que carecen del brío de la versión de Kenneth Brannagh (1994), pero de un gusto exquisito en la puesta en escena, con esos grandes angulares que recorren cada recoveco de interiores, ahondando además (y metafóricamente) en los de cada personaje. Todo cristaliza en el experimento de resurrección, en donde se nos revela las verdaderas intenciones del rol de Waltz y donde hay un claro homenaje al título fundacional de la filmografía de su autor; la inmortal Cronos (1992), Del Toro va desgranando las claves identificativas de los caracteres, con crisis paterno-filiales y fraternales de por medio. Aunque no hace hincapié en la relación con Elizabeth, una Mia Goth algo perdida, ni de la admiración-atracción de ésta, por la criatura. Así mismo, la plasmación cinematográfica de la misma (claramente inspirada en la del cómic de Berni Wrighston de 1983, ya sabemos del amor incondicional del mexicano por el noveno arte) es un cruce entre los ingenieros de Prometheus (a nivel estético) y el Hulk de la Marvel (a nivel ético), y ciertas escenas contienen un subrayado alegórico sonrojante ( " tu eres el monstruo", le espeta el hermano a Víctor en su agonía). A partir de la segunda mitad, cuando el " moderno Prometeo" toma las riendas de la narrativa, volvemos a la novela, y a la fidelidad, pues nos encontramos ante la mejor traslación al audiovisual de la historia de la familia en la cabaña, con el ciego que instruye con conocimientos literarios y filosóficos al engendro, y la devoción y entrega de éste para con ellos, cómo" guardián del bosque". Aquí el realizador vuelve a acertar, pese a que le pierda el excesivo uso de CGI ( el enfrentamiento con los lobos) y la precipitación a un clímax demasiado moralista y obvio, ya inherente a la obra, Así, se diluyen las motivaciones del "hijo", con la redención lacrimógena del padre, en un tercio final fallido, que encima, olvida alegremente la venganza definitiva de la creación contra su creador; la muerte y posterior " recreación" de su amada, como consorte de su primer "vástago". En cualquier caso, se trata de una película digna, bella en ciertos momentos, e incluso terrorífica en otros, pero que fracasa como aportación novedosa al mito, y cómo film leal al icono fraguado por Mary Shelley. Nos queda las virtudes reseñadas, y la magnífica banda sonora de Alexandre Desplat, y nos sobra media hora de metraje narcisista, pues casi configura una analogía metacinematográfica ; la ambición del cineasta es paralela a la del científico: entregar la más pura perfección, con alma y con vida...aunque parece que carece de ambas, quedándose en una " revitalización" maravillosamente imperfecta. Pese a todo, más que recomendable, y en salas mucho mejor.


Adrián Gómez Alonso

 
 
 

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