Reseña de la Obra de teatro: "La educada visita" por Gara Lacaba Toledo
- Tenebris

- 16 nov
- 2 Min. de lectura
La educada visita es una de esas obras que no necesitan mucho para dejar huella. Desde que empieza, tienes la sensación de estar entrando en un lugar donde todo parece tranquilo en la superficie, pero algo se mueve por debajo, inquietante y silencioso.
La puesta en escena es sencilla, casi minimalista, pero muy pensada. Cada elemento está colocado con intención: nada sobra, nada distrae. Los tonos apagados, el orden casi obsesivo y la luz medida crean un ambiente rígido, como si el propio espacio estuviera sometido a las normas que gobiernan a los personajes. Esa sensación de control constante ayuda a que el espectador entre de lleno en la historia.

En medio de ese mundo tan controlado, destaca la presencia del chelista, que aporta una emoción que la escena no se permite mostrar abiertamente. Su música acompaña sin invadir, marca los momentos de tensión y ofrece pequeñas grietas de humanidad en un entorno que se siente opresivo. El chelo no solo suena: respira, se agita, y a veces parece hablar por los personajes cuando ellos no pueden hacerlo.
El elenco en conjunto hace un trabajo estupendo, con actuaciones contenidas pero llenas de verdad. Cada gesto y cada silencio dicen más que las palabras, y eso contribuye a que la obra tenga un peso emocional constante. Y, por supuesto, es imposible no destacar la interpretación de Óscar Bacallado, que brilla con una fuerza especial en su papel de agente de la SS. Bacallado consigue crear un personaje que resulta inquietante no por gritar o imponer, sino por todo lo contrario: por su calma, por su tono amable cuando no debería serlo, por esa forma tranquila con la que ejerce su autoridad. Esa mezcla entre educación y amenaza hace que su personaje sea especialmente perturbador.


Con pequeños gestos, una pausa antes de hablar, una mirada que dura un segundo más de lo normal, un leve cambio de postura, logra transmitir un poder silencioso que llena el escenario. Su actuación es sólida, precisa y profundamente humana, lo que la hace aún más impactante.
La dirección apuesta por la contención y por dejar que el público complete lo que no se dice. No subraya nada, no sermonea; simplemente invita a mirar de cerca cómo la normalidad puede volverse peligrosa cuando se combina con obediencia ciega.
En conjunto, La educada visita es una obra que se queda rondando en la cabeza: por la armonía entre escena, música y actuaciones. Una obra que muestra cómo la cortesía puede ocultar lo peor.

Gara Lacaba Toledo












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