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Reseña de: "Tron: Ares" por Adrián Gómez.



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En 1982, Disney estaba en crisis crítico-comercial, en plena era Lucas-Spielberg. El sentido de la maravilla se había trasladado a los artífices del Nuevo Hollywood (Star Wars, Indiana Jones, Conan el Bárbaro, Alien, Blade Runner), con nuevas propuestas de las antípodas ( Mad Max) o Reino Unido (Excalibur). La casa del ratón apuesta por una nueva etapa " oscura", con proyectos como Abismo Negro (1979) o Dragonslayer (1981), y se ficha a Steve Libesberg para Tron. Clásico pionero de la era digital, la idea de un mundo virtual, paralelo al real, en plena fiebre de las máquinas recreativas o los ordenadores personales, causó sensación, pero no recaudó todo lo que se esperaba. El film protagonizado por Jeff Bridges, Bruce Boxleitner o David Warner, se convirtió en un título de culto, gracias a los videoclubs y los pases televisivos. Los diseños de Syd Mead o Moebius ayudaron lo suyo. En 2010 llega la ansiada secuela. El CGI rejuvenecedor de Bridges no da la talla, pero el aventurero guión, la actualización del concepto, el aprovechamiento del 3D y la contextualización en el siglo XXI, constituyen no pocos aciertos. Tron Legacy cuenta con soundtrack de Daft Punk, popes de la electrónica del momento, que ponen al dia la música original de Wendy Carlos y Journey. Le siguió una serie de animación que un servidor no ha podido visionar. Y ahora nos llega Tron: Ares, mediocre aportación a la saga, que intenta expandir la trama anterior, obviando los personajes de Garret Hedlund y Olivia Wilde. Aquí toma el relevo Ares, programa rebelde, que escapa del mundo informático, encarnado por Jared Leto, que también produce junto a Libesberg y Joseph Kosinsky (autor de la anterior), presumo que a capricho personal como fan (algo así como lo de Will Smith con el remake de Karate Kid ), enfrentado a los herederos de Dillinger ( Warner) cuyos roles interpretan Gillian Anderson ( Expediente X, La Caza), hija del lider corporativo, y madre de un desatado Evan Peters ( American Horror History, Xmen: Días del futuro pasado), que casi destaca cómo lo mejor de la producción, al margen del soporte sonoro de Nine Inch Nails, si acaso, excesivamente omnipresente, No falta el cameo de Jeff Bridges, en uno de los momentos más felices además: la inmersión en el universo " retro-vintage" de la entrega fundacional, banda sonora incluida, Por lo demás, guiños referenciales de todo tipo ( esa escena entre créditos, que deja la puerta abierta a futuras entregas), la Terminatrix Athenea, la integración de elementos virtuales en el mundo real (Brett Leonard....siéntate¡) con clímax Mecha-Kaiju incluído, o el formato" persecución en pareja", visto desde Terminator (1984) hasta la saga Bourne (2002-04), es el saldo que arroja una película tan disfrutable como olvidable. Visualmente apabullante, dada la temática, no aprovecha del todo sus posibilidades, con un guión inexistente y unas concesiones "woke" interraciales, marca de la casa. Un espectáculo de fin de semana, cuyas dos horas pasan volando por la retina del espectador...y por su memoria...externa o no.


Adrián Gómez Alonso

 
 
 

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