Reseña: "Simon Weisse y el arte de los mundos diminutos" Masterclass en el Festival Isla Calavera. Por Gara Lacaba Toledo.
- Tenebris

- 9 nov
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Durante una de las jornadas más esperadas del Festival Isla Calavera, el artista y maestro de las miniaturas Simon Weisse compartió su experiencia en la creación de maquetas para las películas de Wes Anderson, ofreciendo una charla tan reveladora como cercana. Su presentación no fue una exposición técnica al uso, sino una conversación abierta sobre la paciencia, la dedicación y el amor por el detalle que hay detrás de cada escena.

Con su tono tranquilo y una amabilidad natural, Weisse habló sobre cómo comenzó su relación con el cine de Anderson, relatando el modo en que las maquetas han pasado de ser simples recursos escenográficos a convertirse en una forma de expresión artística. En películas como: "El gran hotel budapest", "Asteroid city" o "La crónica francesa". Estas construcciones en miniatura no solo recrean espacios, sino que aportan carácter y personalidad a cada historia.
El público, compuesto por estudiantes de cine, artistas y seguidores del festival, escuchó con atención cómo Weisse describía el proceso de trabajo: desde el primer boceto hecho a mano hasta el momento en que la cámara recorre la maqueta con la precisión característica del estilo de Anderson. Habló de materiales, de texturas, del valor de los errores y de la belleza que se encuentra en las pequeñas imperfecciones. “Cuando algo está hecho a mano, transmite vida”, explicó, recordando que en la escala más pequeña también se puede contener una emoción inmensa.


A lo largo de la charla, Weisse compartió anécdotas del rodaje y momentos de colaboración con el equipo de Anderson. Contó cómo cada pieza se construye para sostener el rigor visual del director, y cómo el trabajo artesanal convive hoy con las herramientas digitales, sin perder su esencia. “No se trata de competir con la tecnología, sino de encontrar un equilibrio. Lo real y lo digital pueden convivir si ambos están al servicio de la historia”, afirmó.
Más allá de las cuestiones técnicas, su discurso transmitió algo más profundo: una forma de entender el cine como un trabajo colectivo y paciente. Weisse habló del silencio del taller, de las horas que pasan mientras una pieza toma forma, y de la satisfacción que deja ver un mundo terminado a escala, hecho con las propias manos. En sus palabras había una calma que recordaba que el arte no siempre se mide en velocidad o tamaño, sino en dedicación.
El encuentro terminó con un largo aplauso y la sensación de haber asistido a una conversación honesta sobre el valor de la artesanía en el cine contemporáneo. Con su humildad habitual, Simon Weisse agradeció la atención del público y subrayó la importancia de seguir formando nuevas generaciones que comprendan el valor de lo tangible.
La presencia de Weisse en el Festival Isla Calavera dejó claro que el cine no solo se proyecta en la pantalla, también se construye pieza a pieza, con cuidado y pasión. Su masterclass fue un homenaje a los oficios invisibles del séptimo arte y a la emoción que nace de las cosas hechas con tiempo, paciencia y alma.
Gara Lacaba Toledo













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